Psiquiatría, que te jodas.
El tenedor asesino perseguía a las escurridizas uvas verdes y mojadas, tratando inútilmente de pincharlas una y otra vez, extendiendo aquel ritual más allá de lo soportable. "¿por qué cresta no las toma con la mano? por favor, agarra la maldita uva y cómetela de una vez!", pensaba mientras lo miraba desde el sillón de enfrente. Pero no podía decírselo, claro, él era el doctor y yo la loca y sólo podía estar ahí, exhasperándome en silencio mientras respondía sus preguntas automáticamente. Era el tercer o cuarto psiquiatra que veía durante esos meses. Según decían, era el mejor de la ciudad y puede que sea cierto, pero para mí perdió todo crédito cuando, gracias a mis padres, se ganó 60 lucas durante lo que parecía ser su hora de colación. Unos 8 meses antes, el 2011, había visto al primero de aquellos doctores. Terminé en su consulta luego de dos semanas de haber faltado a clases, haber dejado pruebas en blanco, salir de la sala y el edificio de la universidad abruptamente y ...