Luz, cámara y dolor.
Cuando eligieron mi guión como la primera opción para ser llevado a un cortometraje, puede que haya sido uno de los momentos más gloriosos que he vivido. Estaba allí para eso. Sabía que si me daban la oportunidad podía llegar a triunfar y destacarme como la artista que, estaba segura, siempre había sido. Sólo necesitaba que mi padre se gastara una millonada y que los profesores santiaguinos, cineastas, fotógrafos y guionistas de la tele, se dieran un tiempo para revisar mis trabajos...así se haría la magia! Así se hizo el primer año, cuando todos mis guiones fueron escogidos y mis cuentos fueron reconocidos y mis obras de teatro fueron aplaudidas... Y ahora contaré cómo me encargué de arruinar cada buena señal que los meses me fueron regalando y cómo logré tapar con barro cada pequeño éxito de estudiante de comunicación. Por supuesto, no estuve sola en esta gran hecatombe de lo que fueron los años 2008 y 2009. Mis agradecimientos especiales a la depresión ...